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##### **El desván** es un espacio para sentarse a leer mis historias, poemas, reflexiones y otras manifestaciones literarias, donde la realidad y la ficción se entrelazan dándole a la vida esa magia de lo indecible. Un lugar para soñar, reír, llorar, transportarnos a mundos, cercanos y lejanos, embarcados en la nave más rápida que se haya inventado: la imaginación.

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La leyenda de Bartolo

![Bartolo.png](https://img.whaleshares.io/wls-img/joseph1956/bb4c9aaf7e68b5e076dc2e3eaa65f54b7daf5c56.png)

 

Finales del siglo XIX.

El puerto de Maracaibo es activo y próspero, razón por la cual la actividad marítima es constante en todas sus formas.

Las noches en la ciudad son parpadeantes con la iluminación de las farolas de gas pero oscuras cuando estas se apagan y no hay luna.

El sector llamado El Bajito está entre la calle del Oriente y la colonia Gutiérrez, en la desembocadura de la Cañada Nueva, que como un rio deposita su caudal y lo que echan en ella al lago, formando una corriente que hace peligroso a las embarcaciones fondear en el sector, igual que crea remolinos mortales para los bañistas, razón por la cual lo hacen metros adentro y en una pequeña embarcación cuyo nombre local es guayuco, que usa remos para desplazarse, los tripulantes llegan hasta la orilla.

Una de esas noches un marinero, que según algunos transporta contrabando de norte a sur de la cuenca lacustre, y espera pasadas las once de la noche, hora que se apagan las farolas, para desembarcar y hacer negocios en los establecimientos nocturnos que se encuentran en los alrededores, ancla su piragua y junto al ayudante de nombre Bartolo, un joven aprendiz en esas lides de luchar contra las corrientes marítimas y lacustres, van hasta la orilla en el cayuco.

Llegado al lugar este le dice al joven.

No acostumbra que su tripulación sepa el origen de los embarques que hacen, además dada su juventud, más que una ayuda sería un estorbo en el lugar donde va, cueva de marinos borrachos y mujeres que venden su cuerpo al mejor postor.

Al llegar allí dos hombres con cara de pocos amigos lo esperan sentados en una mesa alejada en un rincón del establecimiento.

Entre bebida y bebida los ánimos van caldeándose y el tono de las palabras va subiendo, sin embargo no logran alterar el bullicio que impera en el lugar.

Hay discrepancias irreconciliables en las negociaciones lo que pergeña un final nada feliz.

Las reláficas explicaciones del marinero no parecen convencer a sus interlocutores, hombres que trabajan como cobradores de deudas de un poderoso comerciante local.

Al final no se llega a un arreglo e imaginando lo peor el marinero, ducho en este tipo de intercambio fallido, se retira y va rumbo a donde lo espera Bartolo.

Las noches oscuras en la ciudad tienen aspectos fantasmagóricos y han dado razones a la aparición de espantos locales e historias tenebrosas.

El alcohol ha hecho sus efectos y el caminar medroso del hombre se tropieza con dos figuras que como fantasmas aparecen unos centímetros delante de él.

Reconoce que son con los que antes negociaba.

Su instinto de marinero lo pone alerta e instintivamente su mano toca el cuchillo que siempre lleva en su cintura.

-¿Creíste que saldrías libre de esto?

Inmediatamente un puño golpea su cara y como fiera que pelea por su vida se defiende atacando y haciendo uso de sus puños y arma.

Logra herir a uno y eso le da chance a correr para escapar de sus agresores, pero dos puñaladas también se han alojado en su cuerpo y la sangre que brota por las heridas va haciendo desfallecer sus fuerzas, sin embargo logra su cometido pero al llegar no ve su cayuco y la oscuridad no le permite distinguirlo con su vista, así que tomando las fuerzas que le quedan grita.

-¡Bartolo, tremé el cayuco!

El grito desgarrador rompe el silencio una y otra vez, mientras que el joven, vencido por el sueño ha quedado dormido en la pequeña embarcación y ha sido llevado por la corriente unos metros del lugar de origen.

La desesperación del hombre crece cuando escucha los pasos acelerados de sus atacantes y decide lanzarse el agua para salvar su vida.

Al fin y al cabo ha logrado vencer corrientes más peligrosas que las que ofrece la desembocadura de una cañada, pero el alcohol y las heridas impiden al hombre su cometido y es tragado por las aguas lacustres y su cuerpo nunca apareció.

Por su parte Bartolo nunca se enteró del destino de su patrón, que como era normal en esa época, desaparecían sin dejar rastros.

Sin embargo el imaginario popular transformó este hecho, que recreo en esta historia, en una leyenda macabra y los vecinos del lugar, marineros y estibadores, afirmaban escuchar en noches oscuras el grito desesperado y desgarrador del hombre llamando al muchacho.

Esta pasó de generaciones en generaciones oralmente y todavía es común escucharla.

Con el tiempo se han formado otras historias sobre el hecho, la más sonada la que publica el diario Panorama en un especial llamado “Viejo Zulia” cuya fuente es un relato de Abraham Belloso en el cual el joven es hijo del hombre y este se había dado al vicio del alcohol y el padre como castigo lo embarcó en su piragua y una noche dejo a este en el lugar y se emborrachó por lo que no escuchó a su progenitor pidiéndole el cayuco y este ciego por la rabia se lanzó al agua y al llegar al cayuco lo encontró dormido y lo mató con un machete; luego cuando la ira pasó arrepentido se lanzó al agua y ahogó.

La veracidad de ambos hechos y otros es imposible comprobarlas, razón por la cual siguen pasando de boca en boca con diferentes características pero manteniendo el grito de “!Bartolo, traeme el cayuco!”

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Reseñado por @joseph1956 para



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