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##### _**ÁGORA** es un espacio público y abierto, como las antiguas plazas griegas, para promover la lectura y la apreciación literaria y cinematográfica. Reseñas de libros, análisis de personajes, de autores, de escenas, reflexiones desprendidas a partir de frases de esos libros, críticas de cine, de películas, de directores, todo ello buscando la respuesta activa de los lectores, quienes a través de la interacción, se congregarán y darán vida a interesantes debates. En la entrega de hoy hablaremos sobre el libro «Una pena en observación» del escritor C.S. Lewis._

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Clive Staples Lewis, conocido como C.S. Lewis, fue un escritor que cultivó los más diversos géneros, desde la crítica literaria hasta las conferencias y apologías del cristianismo, pero su obra más famosa es la aclamada saga fantástica de _Las crónicas de Narnia_. En 1952, con más de medio siglo de vida, Lewis conoció a la poetisa norteamericana Helen Joy Davidson Gresham. Ella era católica, divorciada y comunista; él era anglicano, soltero y literato. Se conocían poco, habían intercambiado correspondencia, pero de ese encuentro en persona surgió una historia de amor, madura, intensa y desafortunadamente breve porque Helen enfermó de cáncer y murió, dejando a Lewis sumido en el dolor.

De esa pérdida surgió el libro _**Una pena en observación**_, que desde su frase inicial nos sumerge en la mente del escritor:

> _“Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese como miedo”_

A lo largo del libro (aunque en realidad no es extenso), Lewis va analizando, más que sintiendo, la pérdida de Helen, a quien llama H. No se trata de un texto melodramático y desgarrador como el que habría escrito un Werther, sino más bien parece la _disección_ del dolor, de la pena. Una especie de analítica _autopsia_ de la pérdida del ser amado. Sin embargo, eso no significa que el libro sea frío. En lo absoluto. Dentro de su seriedad y aparente distancia, se siente también el amor, la alegría pasada y la pena presente:

> _“H. y yo festejábamos el amor; en cualquiera de sus modalidades: la solemne y alegre, la romántica y realista, tan dramática a veces como una tempestad, otras veces tan confortable y carente de énfasis como cuando te pones unas zapatillas cómodas”._

Es por tanto un amor y una pérdida de una persona adulta, literata, instruida y sobre todo muy reflexiva y analítica que busca _entender_ y _comprender_ la situación a la cual se ve arrojado de repente. La cotidianidad, de pronto, parece excesiva (_“¿Qué importa ya que mi mejilla esté áspera o suave?”_), la vida adquiere un matiz provisional, como si no valiera la pena empezar nada y una capa lúgubre, taciturna, cubre todas las cosas, aunque no esté pensando en ella. Lewis afirma que la ausencia no es una cuestión local o geográfica (duele igual se esté donde se esté), que hablar de lo que a ella le hubiera gustado no conviene, no es bueno, porque se puede convertir en un ejercicio de tiranía doméstica, en un sofocante disfraz de sí mismo (de él) y que, aunque se quiera, el miedo y el dolor no pueden compartirse, es algo personal de cada uno.

Fotograma de la película «Shadowlands»

El creador de Narnia, quien perdió a su madre, su padre y a su mujer a manos del cáncer, confiesa que _“Nunca se me ha ocurrido plantearme la cuestión de si esa vuelta, caso de ser posible, sería buena para ella”_ y cuestiona si desear el regreso de su amada perdida no será acaso una demostración de egoísmo. _“Sé que la cosa que más deseo es precisamente la que nunca tendré”_ dice más adelante y suena casi cruel cuando considera absurdo decir que ella vivirá para siempre en mi memoria, o cosas similares porque _»es precisamente lo que no hará»_. Lewis habla de H., no la describe excesivamente, cita pocas palabras suyas (_“¡Y con lo que me queda por vivir!”_) y confiesa que la reconstrucción mental (ficticia) de los demás altera la realidad, porque se olvidan cosas y se inventas otras que se pueden corregir con un nuevo encuentro con esa persona, pero la muerte imposibilita eso último. El recuerdo de una persona es, a fin de cuentas, una imagen elaborada.
Para él, la pérdida del ser amado es como una amputación (me recordó una novela de J.M. Coetzee) y las diferentes maneras de doler se van descubriendo una por una, razón por la cual, el dolor se supera de manera muy lenta, porque todo se vuelve a repetir; es decir, se sigue pensando en el vacío como una novedad, una y otra vez, cada vez que el dolor aparece con un enfoque y un rostro nuevo.

Pero más que de H., del cáncer o de la muerte, el libro habla de un tema principal: Dios.

> _“¿Por qué es Dios un jefe tan omnipresente en nuestras etapas de prosperidad y tan ausente como apoyo en las rachas de catástrofe?”_
_“¿Es racional creer en un Dios malo?”_
_“Si la bondad de Dios no es consecuente con el daño que nos inflige, una de dos: o Dios no es bueno, o no existe”_

Frases duras, sobre todo viniendo de un hombre que en ningún momento abdica de sus creencias. No deja de creer en la existencia de Dios, teme porque _“El verdadero peligro está en empezar a pensar tan horriblemente mal de él”_, pero no puede evitar cuestionar la naturaleza de eso que está más allá del velo de la muerte. Situaciones así, tan difíciles, revelan creencias, fe, carácter, quién se es realmente, porque _“Solamente un riesgo real atestigua la realidad de una creencia”_. Triste, dice _“El destino (o quien quiera que sea) se deleita en crear una gran capacidad para luego frustrarla”_; analítico, dice _“No somos propiamente capaces de ver nada cuando tenemos los ojos enturbiados por las lágrimas”_; nostálgico, enamorado, pregunta a la ausencia de H., _“¿Te diste cuenta en algún momento, amor mío, de lo mucho que te llevaste contigo al morir? «_.

Fotograma de la película «Shadowlands»

En alguna parte del libro, Lewis menciona que la separación para el amante abandonado no tiene que ser indolora para el que se va, algo que muchas veces pasamos por alto. ¿Por qué cuando alguien muere decimos «ya está tranquilo», «ya descansa», «está mejor»? ¿qué acaso no nos extraña? ¿qué acaso no le duele haberse separado también de nosotros? Son preguntas que surgen a partir de las reflexiones del libro. Y aunque muchas veces parece cuestionar la labor de Dios como consuelo, e incluso llega a considerarlo un _»Sádico cósmico»_ (no hay que tomar esta frase a la ligera, debe leerse el libro para entender el contexto en que fue escrita), hacia el final parece haber entendido que _“Los momentos en que el alma no encierra más que un puro grito de auxilio deben ser precisamente aquellos en que Dios no la puede socorrer”_ porque _“Es muy posible que nuestros propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperábamos oír”_. ¿Significa eso que se siente tranquilo, que ha hecho las pases consigo y con la vida? No.

> _“Lo que me estrangula cualquier plegaria o esperanza es el recuerdo de todas las plegarias que H. y yo alzamos al cielo y todas las falsas esperanzas que abrigamos”._

Lewis escribe con honestidad, ironía, franqueza, casi cruel a veces, pero no pierde la fe, no renuncia a creer, aunque duela. Es un libro emotivo, pero muy analítico, con una observación aguda sobre las diferentes sombras del duelo tras perder a un ser amado. No sólo cuestiona la vida o a Dios, sino también a sí mismo y a sus semejantes. Cuando pedimos tomar el lugar del que sufre, ¿realmente seríamos capaces de hacerlo? ¿en verdad creemos lo que creemos que creemos? ¿o es sólo una idea sin raíces fuertes que puede ser arrancada a la primera tormenta? No lo sabremos hasta que nuestra vida, o la de alguien cercano, penda de ese hilo, porque _“Solamente la tortura saca a la luz la verdad”._

Una frase que me conmovió fue la que H., responde a Clive cuando está en su lecho y él le hace una petición:

> _»Si puedes, si te dejan, ven junto a mí cuando yo también esté en mi lecho de muerte. ¿Dejarme? – me contestó –. Trabajo le va a costar al cielo retenerme. Y en cuanto al infierno, lo rompería a pedazos”_

Basado en este libro, William Nicholson escribió una obra de teatro, un guión para televisión y el guión de la película _Shadowlands_, dirigida por Richard Attenborough (_Chaplin_, _Gandhi_) y protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger. Las reflexiones de C.S. Lewis tienen ecos de Nietzsche, de Prometeo, del mito de Orfeo, incluso de _La tregua_ de Benedetti y _Hombre lento_ de J.M. Coetzee, pero aportan algo completamente nuevo y profundo sobre un tema delicado. Es una obra recomendada para todas las personas, especialmente para aquellas que han perdido algún ser querido y constituye un _retrato_ bastante completo de la pena, que ilumina cuestiones importantes y la hace desde la mente y desde el corazón.

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Reseñado por @cristiancaicedo para



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