Viernes fructífero. Cuentonimio.

##### **El desván** es un espacio para sentarse a leer mis historias, poemas, reflexiones y otras manifestaciones literarias, donde la realidad y la ficción se entrelazan dándole a la vida esa magia de lo indecible. Un lugar para soñar, reír, llorar, transportarnos a mundos, cercanos y lejanos, embarcados en la nave más rápida que se haya inventado: la imaginación.

Viernes fructífero (Cuentonimio)


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El sicalíptico vestido de la recién llegada capta la atención de los presentes en la estación del subterráneo.

El mismo deja ver gran parte de sus pletóricas tetas y robustos muslos, por lo que las miradas libidinosas de algunos hombres y también de pocas mujeres, crea un ambiente pecaminoso en el lugar.

Ella completamente ajena al revuelo de hormonas que provoca, espera algo alejada de las vías del tren, mientras los murmullos van creciendo.

Son casi las nueve de la noche y todos esperan alcanzar el último viaje del transporte colectivo.

Es viernes y las caras cansadas de trabajadores es mayoritaria, aunque también hay un número respetable de depredadores nocturnos para quienes la diversión apenas comenzará en un rato y se extenderá hasta el otro día.

Se sumarán a ellos muchos del personal obrero que han obtenido su pago semanal.

Algunos de ellos serán los primeros pasajeros del tren de la mañana y tendrán caras desencajadas y ojos perdidos en las sombras que pasaron.

A la llegada del tren la mujer espera con paciencia que todos vayan llenando los vagones con cierto orden, aunque no falta algún empujón o grito que altera esa enmarañada tranquilidad.

Finalmente desiste de ser parte de ese conglomerado de personas que sobreviven entre los estratos bajos y medios de la sociedad.

Su caminar sinuoso es como el ritmo del encantador de serpientes cuya vida depende de que el mismo mantenga la atención del oficio.

Sube las escaleras y sale de la estación enfrentándose al frio nocturno y a la semioscuridad que puebla las calles a esa hora.

Mientras camina, en sus labios hay una sonrisa de satisfacción que delata que sus encantos siguen siendo una buena carnada a pesar que los treinta y algunos kilos han llegado.

A paso apresurado un hombre de unos cuarenta años, que al igual que ella aguardaba el subterráneo, se le acerca.

Toma un callejón desierto y tal como lo esperaba, él lo hace también, pero esta vez no la verá a ella sino que sentirá el golpe que su cómplice le dará para robarlo.

El viernes sigue siendo fructífero.

Como Cuentonimio he bautizado a los cuentos o relatos que tienen entre 200 y 350 palabras.

### Escrito por @joseph1956 para

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