De repente en lo profundo del bosque (Libro): una parábola animal sobre los seres humanos

##### _**ÁGORA** es un espacio público y abierto, como las antiguas plazas griegas, para promover la lectura y la apreciación literaria y cinematográfica. Reseñas de libros, análisis de personajes, de autores, de escenas, reflexiones desprendidas a partir de frases de esos libros, críticas de cine, de películas, de directores, todo ello buscando la respuesta activa de los lectores, quienes a través de la interacción, se congregarán y darán vida a interesantes debates. En la entrega de hoy hablaremos sobre el libro «De repente en lo profundo del bosque» del escritor israelí Amos Oz_.

A lo largo de su exitosa y premiada carrera, Amos Oz ha escrito novelas, ensayos y escritos periodísticos, intentando siempre transmitir algún mensaje positivo y este libro no es la excepción. Para el autor, _**De repente en lo profundo del bosque**_ es una _Aggadah_, que quiere decir _parábola_. Es importante mencionar que a pesar de que en algunos _websites_ literarios se califique este libro como una _fábula_, es un error considerarla como tal. En las fábulas, los animales (y objetos) presentan características humanas, como en _Rebelión en la granja_ de George Orwell, por ejemplo; pero en _**De repente en lo profundo del bosque**_ los animales son sólo animales. Es cierto que las frases y las situaciones tiene una carga metafórica y simbólica, pero los animales no se comportan como humanos en ningún momento, por lo que es más acertado hablar de _parábola_ que de _fábula_.

La novela comienza con la maestra Emmanuela en el aula de clases, hablándole a sus alumnos sobre los animales. Les cuenta, les muestra dibujos e imágenes de diversos mamíferos y de pronto el autor escribe que los niños _“en su vida habían visto un animal”_ ¿qué? nos preguntamos ¿los niños no conocen a los animales? ¿por qué? ¿no existen los animales? ¿se extinguieron? y todas estas interrogantes nos conducen a una pregunta capital ¿cómo sería un mundo sin animales? imaginemos un mundo en el que no haya perros, gatos, caballos, ningún mamífero, ni aves, ni peces, ni abejas, ningún insecto… pues, así precisamente es la vida en el pueblo de la historia: no hay animales. Ninguno. El narrador cuenta que hacía años que los animales habían desaparecido, cuando la maestra Emmanuela aún era niña, _“en una sola noche, una noche lluviosa de invierno, desaparecieron todos los animales”_. ¿Cómo desaparecieron? los padres no lo cuentan a sus hijos, es un tema tabú, pero ¿por qué? ¿qué fue lo que ocurrió realmente? el pescador Almón, que sigue siendo conocido así a pesar de que ya no hay peces que pescar, cuenta a Mati y a Maya, los protagonistas de la historia, que _“Una vez ocurrieron aquí todo tipo de cosas de las que no podemos sentirnos orgullosos”_.

El pueblo, de por sí aislado, ahora se ha convertido en el hogar de un extraño silencio, sobre todo por las noches. No se oyen las lechuzas, los insectos, ni el aullido de los lobos. Las _voces_ de los animales han desaparecido de los días en el pueblo y ese vacío se nota principalmente a través del oído. Por eso nadie los visitaba ni se quedaba allí en el pueblo. Además, también estaban las advertencias sobre el bosque, colgadas a ambos lados de la pizarra en la escuela y el hecho de que _“…un inmenso miedo se apoderaba del pueblo por las noches”_ a causa del demonio Nehi, un personaje que de acuerdo a las historias de los mayores, recorría el pueblo todas las noches reclamando la vida de cualquier ser vivo que se encontrase fuera de casa. Y a todo ello se suman las _enfermedades_ de quienes se han perdido en el bosque: Guinom el inválido se había perdido una semana en el bosque y había vuelto balando como una oveja, sin haber hablado de nuevo; igual que Nimi, compañero de Maya y Mati, quien solía soñar con animales y tras perderse en el bosque había vuelto enfermo de _relinchitis_.

Maya, hija de la panadera viuda, _“no estaba dispuesta a creer en cosas que nadie había visto”_, así que decide saltarse la escuela un día e ir al bosque con Mati, porque ambos sentían que en algún lugar debían existir animales y porque ambos compartían un secreto especial: una vez, en una pequeña charca del bosque, vieron un pececito, un destello naranja que les hizo reconsiderar muchas cosas y despertó su curiosidad. En el bosque conversan con Nimi que ha decidido vivir en una cueva y luego encuentran un muro de piedra del que provenía una nube de diferentes sonidos. Cuando entran, la estupefacción los colma: allí están todos los animales. Bisontes, ovejas, víboras, perros, tigres, osos, peces, pájaros, todos los animales viven en esa fortaleza regida por un hombre viejo: Nehi. Pero Nehi no es el demonio que todos dicen que es. Fue alguna vez un niño _algo raro_ que huyó al bosque porque en el pueblo se burlaban de él.

De aquí en adelante se desprenden las dos vías principales de reflexión del libro. La primera, más previsible, es una reflexión sobre la humanidad y su relación con las demás especies vivientes: _“puede decirse que todos sin excepción estamos en el mismo barco: no solo todos los niños, no solo todo el pueblo, no solo todos los seres humanos, sino también todos los seres vivos”_. En el pueblo, aunque algunas personas trataban con cariño a sus mascotas, la mayoría no tenía consideración por las demás formas de vida; por eso, los animales _decidieron_ marcharse la misma noche que Nehi huyó. La segunda reflexión tiene que ver con algo mucho más humano. Nehi le dice a los niños que _“nos han acostumbrado desde pequeños a mantener todo tipo de ideas venenosas que empiezan siempre por las palabras ‘todo el mundo’…”_ y les habla de _“el miedo a no ser como todos”_. En el pueblo se burlaban de él porque era _raro_, porque era _distinto_, de la misma forma en que ahora se burlaban de Maya, de Mati, de Nimi y su _relinchitis_, de Almón y su inútil espantapájaros, de Lilia y las migas de pan que aún lanzaba al suelo a ver si un día los pájaros volvían. Al final de su encuentro, Nehi advierte a Maya y Mati que se cuiden de _“la enfermedad del desprecio y la burla”_.

El libro cuenta la historia con un lenguaje sencillo, comprensible tanto para los más jóvenes como para los que ya no lo son tanto y está cargado de frases reflexivas sobre el valor de la naturaleza, de los animales, las plantas, el medio ambiente y también sobre diferentes emociones humanas como envidia, desprecio, comprensión, rechazo, igualdad, justicia, amistad, acoso. Lo que comienza como una especie de cuento para niños, hacia el final evoluciona a un retrato de la sociedad actual y de la condena de lo diferente. Es un libro bastante apropiado para jóvenes entre diez y quince años quienes a través de estos personajes pueden extraer valiosas lecciones, sobre todo en lo correspondiente al trato con los animales y con las demás personas, pero también con la búsqueda de la identidad, la aceptación de las diferencias y la condena del _bullying_. Se trata de un llamado al amor y a la tolerancia, valores que deben rescatarse y exaltarse en los tiempos que corren.

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Reseñado por @cristiancaicedo para


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